Quieres explicar lo que haces, pero te bloqueas en cuanto toca escribir. Tranquilo: para redactar los textos de tu página web no hace falta ser escritor. En esta guía verás qué textos preparar primero, un método paso a paso para escribirlos aunque no te guste, cómo se escribe para internet y para Google, y cómo avanzar un poco cada semana.

Un herrero artesano explica su oficio junto a un pequeño micrófono, mientras al fondo se trabaja el metal con una amoladora.
El artesano comparte su experiencia desde el taller de herrería.

¿Qué es un buen contenido para tu sitio web?

Un buen contenido le dice a tu futuro cliente qué haces, dónde lo haces y cómo contactarte, con palabras que entiende a la primera y que se leen sin esfuerzo en el móvil. Habla de sus problemas, no de ti. En la práctica, es:

Sentarse a teclear pide tiempo, y después de una jornada de obra o de consulta queda poco. Pero la redacción web no es cuestión de talento y se puede aprender: basta con escribir como le hablas a un cliente en tu taller o por teléfono. La calidad está en lo concreto, no en las frases bonitas.

Y un sitio sin contenido no da visibilidad: si no hay texto, los buscadores no tienen nada que entender y tu posicionamiento se resiente. Muchos autónomos tienen una web con buen diseño y apenas dos frases, que no convencen a nadie.

¿Qué espera Google de lo que publicas?

En resumen: que escribas para ayudar a la gente, no para atraer visitas desde sus resultados, y que demuestres que conoces de primera mano lo que cuentas, con conocimientos de experto y una base fiable. Lo explica en Search Central, donde reúne guías y otros recursos gratuitos.

Es una buena noticia para un autónomo, porque nadie conoce tu oficio ni a tu audiencia como tú. Un fontanero de Alicante que explica por qué gotea un termo comparte algo que no ofrece una explicación genérica copiada de cualquier otro lado.

Las siglas E-E-A-T

Estas siglas inglesas resumen cuatro cualidades: haber vivido lo que cuentas, saber de tu oficio, ser una referencia y ser de fiar. No hace falta memorizarlas; basta con que lo principal de cada sección deje ver tres elementos:

Cinco cuestiones para revisar lo que publicas

La misma guía propone una serie de comprobaciones para que evalúes cada sección. Adaptadas a un autónomo, estas cinco te servirán:

  1. ¿Ofrece lo que publicas informes o análisis propios, o repite lo que ya dicen otros?
  2. ¿Tienes un público concreto, como los vecinos de Elche que necesitan un electricista, que lo encontraría valioso si llegara directamente a ti?
  3. ¿Demuestra que conoces de primera mano el producto o servicio del que hablas?
  4. ¿Quien lo termine sabrá lo suficiente para dar el siguiente paso y lograr su objetivo?
  5. ¿Lo escribes para tu audiencia o, sobre todo, para subir en los resultados?

Quién, cómo y por qué

También sugiere que todo lo que publicas deje claro quién está detrás de su creación (fírmalo, enlaza a tu presentación o a tu perfil de LinkedIn), cómo se ha hecho (si te has ayudado de herramientas de IA, dilo en los casos en que tu audiencia lo esperaría) y por qué existe. El motivo que espera es ayudar a quien llega; si la razón principal es posicionarte, vas en contra de lo que quiere premiar.

Y no es necesario alargarse: otra de sus guías, la dirigida a principiantes, aclara que la longitud, por sí sola, no influye en el orden de los resultados.

Empieza por las dudas de tu cliente

Antes de teclear una sola línea, piensa en tu público: quién va a leerte y qué espera encontrar. Una familia de Alicante a la que se le acaba de estropear la caldera llega con un problema concreto y poca paciencia; un administrador de fincas de Valencia que compara presupuestos para una comunidad de propietarios quiere plazos y garantías claras. Cada lector necesita una información distinta, y es importante que encuentre la suya sin rodeos.

Durante dos semanas, apunta en una nota del móvil las dudas que te plantean por teléfono, a través de WhatsApp o por correo electrónico: esa lista es tu plan de contenidos. Cada duda puede convertirse en una sección, en una respuesta de tu FAQ o en un artículo. Para buscar más ideas, mira cómo lo explican otros negocios de tu zona: esa comparación, un pequeño análisis de la competencia, te muestra qué dudas no resuelve nadie.

Presta atención también a sus palabras. Un particular habla de «una fuga debajo del fregadero», no de «una intervención en la red de saneamiento»: es lo que escribirá en la barra de búsqueda para encontrarte. Esa expresión es tu palabra clave, y te servirá más adelante.

Decide, por último, la meta principal de cada sección: que te llamen, que te escriban por WhatsApp o que pidan presupuesto. Un solo objetivo por bloque deja el contenido más claro.

¿Por qué textos empezar?

Para arrancar, basta con redactar cuatro páginas: portada, servicios, presentación y cómo contactarte, además de los textos legales (aviso legal, privacidad y cookies). Para cada una, apunta a quién se dirige, qué objetivo tiene, cuál es su mensaje principal y qué contenido debe incluir. Para no olvidar nada, repasa nuestra lista de lo que no puede faltar en la web de un autónomo.

La portada: qué haces, para quién y dónde

A menudo es lo primero que ve quien llega a tu web, y en pocos segundos decide si se queda. Arriba del todo, en el bloque principal, capta su atención con una frase que diga qué haces y dónde: «Fontanero en Valencia: fugas, desatascos y termos» en lugar de «Bienvenido, gracias por tu visita». Debajo, conviene incluir un resumen de cada tipo de encargo con enlaces a su detalle, algunas pruebas (imágenes de tus obras, reseñas) y un botón para llamarte o escribirte por WhatsApp.

Servicios: un bloque para cada encargo

Dedica un bloque o un apartado a cada servicio, empezando por el principal, y cuenta qué incluye, para qué cliente es, cómo trabajas y, si es posible, su precio orientativo, con un enlace a los trabajos relacionados. Si vendes productos, como un herrero de Elche que fabrica barandillas a medida, añade imágenes de tus productos, materiales y plazos. Para describir cada bloque sin esfuerzo, usa el método antes/después que verás más abajo.

Sobre mí y cómo contactarte

En la página Sobre mí se gana la confianza: las personas quieren saber con quién van a tratar y por qué eres un experto en lo tuyo. Cuenta tu historia, tu trayectoria y tu forma de trabajar en tres párrafos, con una foto tuya de verdad; así construyes tu marca personal. Si trabajas para otros negocios, comparte también tu perfil de LinkedIn. Antes de publicar casos de éxito con la identidad o las fotos de un cliente, pídele permiso y que te lo confirme por correo electrónico.

En la sección para contactarte, cuanto menos tenga que esforzarse el cliente, antes te escribirá. Reúne ahí todas las formas de contactarte, visibles también en otros puntos de la web:

Dicta tus textos en lugar de teclearlos

Si el teclado te frena, habla: explicar tu oficio hablando te sale solo, porque eres el experto, y el resultado suena a ti. No hacen falta herramientas especiales ni más recursos que tu móvil: los teclados de iPhone y de Android incluyen funciones de dictado; tocas el micrófono y la voz se convierte en texto.

  1. Elige un tema para cada sesión: las urgencias, una reforma, tus precios.
  2. Apunta la idea principal y lo que vas a contar: qué haces, para quién, dónde, a qué precio y en qué plazo.
  3. Abre una nota, toca el micrófono y responde durante 5 minutos, como si un cliente te preguntara.
  4. Relee la transcripción y corrígela.

La transcripción tendrá fallos, pero el tono será natural. Quita las repeticiones, corta las frases largas y pon un subtítulo a cada bloque. Conserva tus expresiones: si dices «te lo dejo listo en el día», no lo cambies por frases comerciales como «ofrecemos soluciones integrales». Tu forma de hablar es parte de tu marca.

El método antes/después para describir cada encargo

Basta con una estructura en tres partes:

  1. El antes: el problema de tu cliente, tal como lo contaría él.
  2. El después: el resultado que obtiene contigo, en beneficios más que en características.
  3. El cómo: tus pasos, el plazo y lo que incluye.

La fórmula funciona porque habla del cliente y no de ti. Con un producto, cambia el problema por la necesidad que cubre.

Imagina una empresa de reformas de Elda que presenta la reforma de baños. El antes: «Tu baño tiene veinte años, los azulejos se despegan y la ducha pierde agua». El después: «Un baño moderno, con plato de ducha a ras de suelo y fácil de limpiar». El cómo: «Visitamos tu casa, te damos un presupuesto cerrado y coordinamos fontanería, alicatado y electricidad: tienes un solo interlocutor de principio a fin».

Si prefieres no escribirlo tú, en nuestras páginas web para empresas de reformas redactamos el contenido a partir de tus datos y de tus fotos.

Cómo se escribe para internet

Yendo al grano: en internet se recorre más que se lee, y a menudo desde el móvil. Cuatro hábitos te ayudarán.

Lo importante, arriba

Empieza cada bloque por la idea principal y deja los detalles para después: un usuario que se detiene tras dos líneas ya debe saber qué haces y dónde. Además, mucha gente llega desde Google directamente a cualquier rincón de tu sitio web, sin pasar por la portada.

Frases cortas, subtítulos y listas

Una idea por frase, un tema por párrafo y no más de cuatro líneas por bloque. Usa la voz activa: «colocamos tu parqué» mejor que «la colocación del parqué es realizada por nuestro equipo».

Los subtítulos permiten encontrar de un vistazo cada parte: un solo título principal (H1) y encabezados (H2) formulados como las dudas reales de tu público. Cuando enumeres algo, pasa a una lista, y pon en negrita alguna expresión clave, sin abusar: si todo está en negrita, nada destaca. Esa estructura es también la base de la redacción SEO.

Las palabras de tu cliente, no jerga

Escribe como le hablarías a un cliente sentado delante de ti, explica cada término técnico y prefiere lo concreto a las frases hechas. La comparación lo deja claro:

En lugar de… Mejor…
«Ofrecemos soluciones integrales para el hogar» «Reparamos fugas, desatascamos tuberías y cambiamos termos»
«Para más información, contacte con nosotros» «Escríbenos por WhatsApp y te damos presupuesto en Castellón»
«Somos una empresa comprometida con la calidad y la satisfacción del cliente» «Fontanero en Elche con 12 años de oficio: atiendo urgencias en menos de 2 horas»

La última frase de la izquierda vale para cualquiera y no convence a nadie; un dato concreto, sí.

Una invitación clara al final

Cada página debe acabar con una invitación a dar el siguiente paso; en marketing se llama CTA. Sin ella, incluso un lector convencido puede irse. Dos modelos:

Colócala al final de cada bloque y, en el móvil, en un botón que se quede visible. Un solo objetivo cada vez: demasiadas opciones hacen dudar.

Un portátil y un móvil muestran la web de Forja Yunque con un artesano hablando en su taller.
Ejemplo de web de Forja Yunque en ordenador y móvil.

Microcopia: lo que dicen tus botones y formularios

Se llama microcopia a las frases breves que guían a tus visitas mientras navegan: el rótulo de un botón, las etiquetas de un formulario, un mensaje de error o el aviso que aparece cuando algo se ha enviado con éxito. Son elementos pequeños, que no piden grandes recursos, pero en muchos casos deciden si alguien te escribe a través del formulario o se va.

Botones que dicen qué pasa al hacer clic

«Enviar» o «Saber más» no dicen nada. Un buen botón empieza por un verbo y nombra lo que tu público obtiene:

Cada bloque tiene un objetivo: deja en él un solo botón principal, con las expresiones de tu público, y usa siempre el mismo verbo para la misma petición: si en la portada pone «Pide presupuesto», no lo cambies por «Solicitar cotización» en otra sección.

Formularios: pide poco y explica por qué

Cada campo de más es una excusa para abandonar: para pedir presupuesto, a menudo basta con un teléfono o un correo electrónico y un mensaje, según el tipo de encargo; no es necesario pedir la dirección desde el principio, y para los casos urgentes, pon el teléfono como vía principal y el formulario después. Añade una línea sobre la seguridad de lo que te envían («Solo usaré tu teléfono para responderte») y, si ayuda, una pista dentro del campo: «Cambiar la bañera por un plato de ducha». Para asegurarte de que te llegan las solicitudes, envía una de prueba desde tu móvil, y asegúrate de que el botón de WhatsApp abre el chat con tu número.

Mensajes de error y de éxito

Un mensaje de error dice qué falla y cómo arreglarlo: «Al teléfono le falta un número» o «Revisa tu correo electrónico: falta la @» sirven más que «Error en el formulario». Y el mensaje de éxito es una oportunidad: en vez de «Enviado con éxito», escribe un mensaje personalizado que cuente qué pasará después («Gracias, te llamo esta tarde o te escribo por correo electrónico mañana por la mañana»). Así empiezas a generar confianza desde el primer mensaje.

¿Qué es una landing page y cuándo te conviene?

Una landing page, o página de destino, está pensada para un único objetivo: recibir a quien llega a través de un anuncio, de una campaña por correo electrónico o de un post en Instagram o Facebook, y llevarle a dar un solo paso. A diferencia de tu portada, no presenta todo lo que ofrece tu negocio, solo una oferta para un público concreto.

Tiene sentido en casos como una campaña de temporada. Imagina un instalador de climatización de Elche que anuncia la instalación de aire acondicionado antes del verano: si el anuncio lleva a la portada, quien hace clic tiene que buscar lo que le interesa; si lleva a una landing sobre esa oferta, lo encuentra a la primera. Merece la pena preparar este tipo de landing para cada campaña, con estos elementos:

Si dedicas recursos a anuncios de pago, cada visita cuenta: una landing clara ayuda a generar contactos y te deja medir el éxito de la campaña con un análisis sencillo en las herramientas de la plataforma. Mira cómo empezar con anuncios de pago sin tirar dinero.

Un mismo tono en todo lo que publicas

La coherencia hace que tu marca suene igual en la portada, a través de WhatsApp y en tu ficha de Google, con el tono que espera tu público. Si en una sección tuteas y en otra hablas de usted, o si tu horario cambia de un apartado a otro, el cliente duda.

Una guía de estilo en una sola hoja

No hace falta un manual de marca ni grandes recursos: basta una hoja con tus decisiones, para que todo lo nuevo que escribas tú, un colaborador o las herramientas de IA que uses siga las mismas reglas:

Si citas una marca registrada, porque eres distribuidor oficial de un fabricante, escríbela como la escribe su dueño y solo si es cierto.

Tus señas, iguales en todas partes

Asegúrate de que tu dirección, tu teléfono y tu horario coinciden en todas partes, empezando por tu propia portada: tu ficha, tus perfiles de Instagram, Facebook, LinkedIn o X (antes Twitter), la firma de tu correo electrónico y cualquier directorio en el que aparezcas, como el de tu gremio. Esa coherencia ayuda a quien quiere encontrarte y a tu visibilidad local. Para decidir dónde estar, mira qué perfiles te conviene tener como autónomo.

Varios idiomas, el mismo mensaje

En la Comunidad Valenciana, muchos negocios publican en castellano y en valenciano, y en zonas turísticas de Alicante también en inglés. Cada versión debe decir lo mismo a cada público, con los mismos precios y el mismo tono, y una traducción literal sin revisar suena rara: pide a alguien que domine el idioma que la relea. Si dudas, empieza por el idioma principal de tu público. Te ayudará saber cuándo compensa tener varios idiomas.

Textos SEO: primero para tus lectores, luego para Google

Los motores de búsqueda leen tu contenido para saber a qué búsquedas responde. Cuando ya funciona para el usuario, dedica unos minutos al SEO: no cambia lo que dices, pero ayuda a tu posicionamiento.

Son las prácticas recomendadas de su guía para principiantes, donde también recuerda que no tiene en cuenta la etiqueta meta keywords: no te molestes en rellenarla.

El SEO da resultados a medio plazo. Si trabajas en una zona concreta, el SEO local (tu ficha, tus reseñas y la misma información en todas partes) completa estos textos: te lo contamos en qué es el SEO local, y en cómo posicionar tu web en Google si eres un negocio local.

La inteligencia artificial, una ayuda y no un autor

Herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT pueden echarte una mano para arrancar, pero no conocen tu negocio, tus precios ni a tu público. Bien usadas, ahorran recursos y puedes aprender de sus propuestas. Una IA puede:

Google ha explicado que valora la utilidad de lo que publicas, sea cual sea su método de generación; lo que considera spam es recurrir a la automatización, incluso con IA, para generar material pensado sobre todo para manipular el orden de sus resultados. La regla para ti es sencilla: tú eres el experto, la máquina es tu ayudante y no pierdes el control de lo que sale con tu marca.

Un contenido generado desde cero queda a menudo genérico y puede contener errores o datos inventados. No compartas con estas herramientas el correo electrónico o el teléfono de nadie: es una cuestión de seguridad y de respeto. Revísalo todo, comprueba cada precio y cada plazo, y devuélvelo a tu manera de hablar: lo que publicas es responsabilidad tuya. Tienes más ideas en nuestra selección de herramientas de IA para autónomos.

Revisa tus textos y avanza cada semana

Deja reposar un día lo que has redactado: en la segunda lectura, las frases torpes saltan a la vista. Las herramientas de corrección del móvil detectan faltas, pero no frases confusas. Relee en voz alta, como lo haría un usuario que no te conoce, y para asegurarte de que se entiende, haz un último control: comparte el borrador con dos o tres personas de confianza: ¿saben explicar tu actividad principal y cómo contactarte?

Antes de publicar, repasa esta lista de control y asegúrate de que:

Una vez publicado, es importante vigilar la información caducada: un horario o un precio antiguo hace dudar del resto, así que anota las actualizaciones pendientes cada vez que cambie algo en tu negocio. Para saber qué contenidos atraen visitas, aprende a medir los resultados de tu web.

Optimiza lo que ya has publicado

La tarea no termina al publicar. Search Console, una de las herramientas gratuitas de Google, te muestra, entre otras funciones, a través de sus informes con qué consultas te encuentran, cuántas veces apareces y cuántos clics recibes. Ese análisis te da ideas: si una de tus entradas aparece a menudo pero casi nadie hace clic, revisa sus títulos y su descripción; si te encuentran por un encargo que apenas mencionas, dedícale una sección y enlázala desde los encargos relacionados. Repite ese análisis cada pocos meses: así puedes aprender qué consultas te traen visitas.

Con pocos recursos y las herramientas que ya tienes, se avanza mucho. No intentes terminarlo todo en un fin de semana: te bloquearías. Reserva una hora cada semana, siempre el mismo día: 30 minutos para dictar un texto nuevo o repasar uno antiguo, 20 para corregirlo y 10 para publicarlo. El primer mes, apunta a quién te diriges y redacta la portada de tu sitio web, tus servicios y tu presentación; después, añade un texto nuevo cada semana, como un artículo que responda a una duda frecuente. A ese ritmo, en seis meses habrás publicado unos 24 contenidos que pueden ayudar a tus futuros clientes a encontrarte.

Si prefieres delegar la redacción de tu web

Si no te ves con ánimo o te faltan recursos, puedes dejar los textos en otras manos.

Si todavía no tienes web, en WebAutonomos preparamos el diseño, los textos y las fotos a partir de tu información real: tu ficha de Google y las fotos que nos envías. La web cuesta 15 €/mes sin alta ni permanencia, o 349 € en pago único, con los mismos servicios, SEO básico y textos legales incluidos, además de un formulario que envía las solicitudes a tu correo electrónico y un botón de WhatsApp. Ves una demo personalizada en menos de 24 horas, antes de pagar, y después de la puesta en marcha tienes una modificación al mes incluida, que te sirve para actualizaciones de precios u horarios.

Si trabajas en varios idiomas, podemos publicarla hasta en 4 sin suplemento (castellano, valenciano, inglés…) y redactamos nosotros cada versión.

Si lo que te falta es contenido nuevo cada mes, nuestro SEO Local cuesta 15 €/mes e incluye 4 artículos de blog al mes, palabras clave locales y un informe mensual. Puedes contratarlo aunque tu web no la hayamos hecho nosotros. La gestión de tu ficha va aparte: 29 €/mes (49 € de creación si todavía no tienes ficha). Y si te interesa una ayuda puntual con tus perfiles de Instagram o Facebook, o con anuncios en Facebook o Google Ads, pregúntanos: lo hacemos bajo petición.

Para tener buenos textos en tu página web no hace falta ser escritor: basta un método, algo de constancia y un móvil que tome dictado. Empieza esta semana por la portada: un contenido sincero publicado vale más que uno perfecto que nunca sale. Y si prefieres delegarlo, pide tu demo.